Joan Torres es de Barcelona, aunque su forma de ver el mundo ha sido moldeada por los muchos lugares que ha visitado, adoptando siempre lo mejor que cada cultura tiene que ofrecer.
Aunque Siria sigue siendo su país favorito, desde hace mucho tiempo siente una especial atracción por esos lugares difíciles de alcanzar y a menudo ignorados por la mayoría. Cuanto más complicado es llegar, más gratificante suele ser el viaje.
Amante de la naturaleza, de las rutas de senderismo exigentes y de los rincones más remotos del planeta, es más feliz cuando no hay conexión a internet ni ninguna prisa por llegar a ningún sitio. La vida rural le fascina mucho más que las grandes ciudades, y algunos de sus mejores recuerdos provienen de cruzar pasos de montaña a gran altitud o de pasar tiempo en aldeas aisladas donde la vida avanza a su propio ritmo.
Para él, viajar nunca ha consistido en ir tachando monumentos o lugares de una lista. Una conversación de una hora con una persona local sobre la vida cotidiana vale más que diez días corriendo de un monumento a otro. Las conexiones humanas auténticas, las largas charlas alrededor de un té, un café o una cerveza, y comprender cómo vive realmente la gente son lo que da sentido al viaje.
Viajero aventurero por naturaleza, siempre ha preferido una forma sencilla de viajar y no le importa salir de su zona de confort si eso le permite vivir una experiencia auténtica. Por encima de todo, una de sus mayores satisfacciones es transmitir su pasión por los viajes a su hijo James, enseñándole desde pequeño a ser curioso, abierto de mente y respetuoso con las diferentes culturas. Más que acumular países visitados, espera ayudarle a comprender el mundo y a las personas que lo habitan.